Ocho años después del primer avance de The Elder Scrolls 6, la idea de que el juego transcurrirá en Hammerfell y se centrará en la ciudad de Sentinel sigue entusiasmando a los fans. Pero las nuevas especulaciones también ponen de relieve cuánto ha cambiado desde que Bethesda anunció por primera vez la esperada secuela y lo difícil que podría resultarle al estudio recrear el atractivo de la serie en la industria actual de los videojuegos.

El avance original ofrecía muy poco: un tramo de costa, montañas áridas y un asentamiento en ruinas. Los primeros argumentos del autor a favor de Hammerfell se basaban en descartar otras zonas de Tamriel a partir del terreno, la arquitectura visible y lo recientemente que algunas regiones habían aparecido en la serie. Sentinel, una ciudad costera de Hammerfell, parecía encajar especialmente bien con el paisaje.

Material más reciente ha añadido una duna, el nombre Sentinel y una breve frase atribuida a un sacerdote de la Polilla que se dirige a la reina suprema de Hammerfell. Los detalles disponibles han reforzado los argumentos a favor de ese escenario, aunque el artículo señala que Bethesda no ha confirmado oficialmente todos los aspectos del juego. Una cita fechada cuatro años después de Skyrim también ha suscitado especulaciones sobre posibles vínculos con el juego anterior, la región vecina de Cyrodiil y la historia de Hammerfell.

Esa frase —«Un futuro perdido. Una victoria deshecha. Arenas del tiempo dispersadas por el destino»— ha dado pie a teorías sobre una Ruptura del Dragón, un acontecimiento que altera la línea temporal y que está relacionado con The Elder Scrolls 2: Daggerfall. El artículo también considera si la alusión a una victoria podría referirse al conflicto de Hammerfell con los Thalmor alrededor de la época de Skyrim. Estas siguen siendo interpretaciones basadas en el escaso material promocional, no detalles confirmados de la historia.

Para el autor, la posibilidad de regresar a Tamriel ofrece mucho más que el atractivo de resolver enigmas del trasfondo. La serie ha brindado humor memorable y un diseño distintivo en sus distintos juegos: desde el mundo sistémico de Morrowind hasta la introducción del rol de mundo abierto a un público más amplio con Oblivion y el gran alcance de Skyrim. Esas cualidades contribuyeron a que la perspectiva inicial de una nueva entrega resultara tan apasionante.

Sin embargo, el entusiasmo se ha visto moderado por la preocupación ante los lanzamientos recientes de Bethesda. El artículo describe Fallout 76 como un juego que se recuperó de un lanzamiento problemático, considera que Fallout 4 fue un paso menos audaz que algunas entregas anteriores y califica Starfield de competente, pero insuficiente para disipar las dudas de los fans de toda la vida. También sostiene que los estudios pueden cambiar de rumbo: el éxito del desarrollo depende de las decisiones, la planificación, el liderazgo y las condiciones en las que se permite trabajar a los equipos.

La preocupación más amplia es la presión que rodea a un juego que ha tardado tanto en llegar. El artículo señala que se espera que The Elder Scrolls 6 sea más que un lanzamiento sólido y que, además, el juego tiene una importancia especial para su propietaria, Xbox. En ese contexto, un título de gran envergadura puede convertirse en símbolo de la fortuna de una empresa, lo que dificulta verlo simplemente como una nueva aventura.

Por tanto, la pregunta central del autor no es solo si Bethesda puede recuperar la magia de la serie, sino también si las expectativas de la industria y el peso que se ha depositado en el juego le dejarán margen para lograrlo. Puede que los desarrolladores sean capaces de crear un The Elder Scrolls cautivador; el desafío es que el mundo que rodea su lanzamiento ha cambiado tanto como ha crecido la expectación por el juego.

Fuentes: Eurogamer.